VIAJE TRANSAHARIANO ENERO 2007

Regreso a casa después de un largo viaje. Debería estar contento, porque ha ido todo bien. Los amigos que me han acompañado desde Algeciras hasta Bamako han disfrutado de una experiencia inolvidable. El camión ha funcionado perfectamente. Traigo artesanía, tambores y objetos que sin duda gustarán a mis clientes. Me reuniré nuevamente con mi familia, de la que no me separaré hasta el viaje de agosto.

Sin embargo, no puedo evitar el extraño desasosiego que me invade al final de cada viaje, semejante a cuando uno se despide de un amigo al que no sabe si algún día volverá a ver.

Me reuní con mis compañeros de viaje a principios de enero en Algeciras. Cenamos en un restaurante de Kénitra llamado Le Comptoir Basque y montamos las tiendas de campaña en el camping La Chenaie. La primera noche fue bastante fría.

Las siguientes etapas nos llevaron a Marrakech y Essaouira.

El cuarto día acampamos cerca de un acantilado en el Parque Nacional Sous Massa. Poco después de amanecer, la niebla se disipó y salió el sol.

Visitamos Sidi Ifni y acampamos en el Oued Chebeika.

Al día siguiente paramos a contemplar la Sebka Tazra, y algunos compañeros de viaje se acercaron para conocer las extracciones de sal.

Dormimos en los bungalows de Foum el Oued.

La siguiente etapa nos llevó hasta un poblado de pescadores abandonado.

Continuamos por la carretera de la costa hasta que encontramos una playa desierta donde montamos nuestro campamento.

La belleza del lugar era sobrecogedora.

Una vez en Mauritania, visitamos Cabo Blanco.

Vimos uno de los aproximadamente 500 ejemplares que quedan de focas monje, una de las especies más amenazadas del planeta.

Aquí aparecen algunos de mis compañeros de viaje intentando poner a flote un enorme carguero encallado en la playa de Cabo Blanco.

Una soga colgaba de la cubierta del barco y quise subir aprovechando que el vigilante no estaba, pero no era fácil.

Finalmente utilicé la escalinata e hice unas cuantas fotos desde la cubierta del barco.

Después de terminar cada etapa, montábamos las tiendas de campaña y preparábamos la cena.

Desierto, llanuras inmensas, acantilados y playas vacías, barcos encallados, pueblos abandonados y oasis deshabitados.

Cuando se circula por rutas poco frecuentadas, es importante asegurarse de que el vehículo está en buenas condiciones. Antes de cada viaje hago lo importante reparando lo que esté mal o sustituyendo piezas por otras de mejor calidad. No en vano llevo gastada en el vehículo una pequeña fortuna. Durante el viaje me limito a mantener limpios los filtros, lo engraso regularmente, controlo los niveles de los líquidos y realizo pequeños ajustes.

Cuando viajaba con viejos Peugeot, únicamente les quitaba el termostato, limpiaba el radiador y fijaba el ventilador del motor para mejorar la refrigeración.

Las averías más frecuentes son los pinchazos. Antes de emprender el viaje, siempre es bueno aflojar, engrasar y volver a apretar las tuercas de las ruedas. Si uno pincha en una zona deshabitada o lejos de alguna ruta transitada, una simple tuerca que se resista puede suponer un grave problema.

Es bueno llevar un tablón sólido para colocar debajo del gato, en previsión de tener que utilizarlo sobre terreno arenoso o embarrado.

Las planchas metálicas de desatasco pueden pinchar las ruedas si se colocan mal.

Si se rompe el gato, siempre se puede poner una piedra o un tronco debajo del puente y hacer un agujero debajo de la rueda. Se pone deshinchada, y se hincha una vez puesta.

Las ruedas con cámara dan menos problemas.

Si se rompe la llave para aflojar las tuercas, se puede utilizar otra de un número mayor, mojada y restregada por la arena. De esa forma, la arena se queda pegada a la llave, y vale como si fuera de un número menor.

Siempre es bueno llevar un manómetro para controlar la presión de las ruedas, un compresor eléctrico para hicharlas, y una herramienta para aflojar un poco la válvula. En caso contrario, podría quemarse el compresor.

También es conveniente llevar las ruedas de repuesto muy hinchadas, y un tubo de los que venden en tiendas de repuestos para comunicar unas ruedas con otras. Así se puede meter bastante aire en una rueda deshinchada sin esfuerzo.

Muchas carreteras en África se hacen con poco asfalto y muchas piedras. En Mauritania utilizan conchas en lugar de piedras. Los neumáticos se desgastan rápidamente, por lo que es bueno llevar las ruedas bien alineadas y convenientemente hinchadas.

En caso de avería en una zona remota, quemar un neumático se interpreta como señal de socorro, ya que despide un humo negro visible desde lejos.

Siempre es conveniente llevar agua en abundancia. Si uno se queda sin agua, un plástico extendido puede servir para recoger el agua del rocío al amanecer. Cuanto más grande sea el plástico, más agua. El suero oral es muy bueno para evitar la deshidratación. También las bebidas isotónicas y el Aquarius, que se puede beber caliente sin sufrir arcadas.

Es bueno llenar el depósito de combustible con regularidad, por si en alguna gasolinera el combustible fuera de mala calidad o le hubieran echado agua. Mezclando diferentes calidades, el riesgo de avería es menor. El hecho de que una gasolinera sea de una marca conocida, no necesariamente es una garantía.

Un zapatero trabajando en la calle principal de Aleg.

Otra fotografía tomada en la calle principal de Aleg.

En el oasis mauritano de Djoûk la temperatura era suave. Algunos se animaron a refrescarse con agua de un pozo.

Para desayunar nunca faltaba un buen tazón de leche con Colacao o Nescafé. La mayor parte de mis compañeros de viaje habían elegido acertadamente una tienda de campaña muy fácil de montar, la "2 secons" que venden en Decathlon.

En Malí empezó a hacer calor. Los burros aprovechaban al máximo las sombras.

Consciente de su presencia imponente estaba la señora que nos presentó a su familia, el día que entramos en Malí viniendo de Mauritania. Para nosotros, hacía tiempo que la pulcritud había dejado de ser una cuestión prioritaria.

Las visitas a los poblados siempre parecen cortas. A uno le habría gustado detenerse, pasar un tiempo entre sus habitantes, quedarse con los nombres de las personas, aprender su lengua y escuchar sus historias. Pero vivimos en mundos muy diferentes, y uno de nuestros inconvenientes es la falta de tiempo.

Esta señora podría llamarse por ejemplo Fatoumata Konaté, aunque quizás todos la llamen Fanta. Seguramente no sepa el año en que nació, pero estaría encantada de contarnos relatos sobre los viajes que hicieron sus antepasados hasta establecerse en su poblado, las penalidades que sufren cuando hay sequías, las historias de amor que ha vivido, las rivalidades con sus vecinos, e infinidad de anécdotas de su vida cotidiana.

En lugar de eso, me conformo con llevarme si imagen y dejo a la imaginación el resto. Es el recurso de los que no tenemos mucho tiempo.

Pasamos la última noche antes de llegar a Bamako en el Valle de la Serpiente. En un pueblo nos dijeron que el nombre del valle era una referencia a su forma sinuosa, y confiamos en que no hubiera ningún otro motivo para denominarlo así. La cena no fue especialmente alegre, ya que lo estábamos pasando bien, y se acercaba el momento de despedirnos. A partir de Bamako mis compañeros de viaje regresaban a España en avión, mientras que yo continuaba solo.

Después del viaje, cada uno sigue su camino llevándose sus experiencias. Con algunos mantengo el contacto, otros prefieren pasar página. Todos conservan en mayor o menor medida buenos recuerdos, y es ahí donde volvemos a encontrarnos. Cada vez que alguien rememora el viaje, nos estamos reuniendo nuevamente.

Dado que mis viajes tienen carácter comercial, los africanos con los que trato son principalmente clientes o proveedores. Algunos, las dos cosas. Eso no quita para que haya trabado amistad con algunos de ellos. A veces me han invitado a comer en sus casas junto con sus familias, o me han dejado participar en sus celebraciones.

En la distancia y a punto de finalizar el viaje, no puedo dejar de emocionarme al recordar su generosidad.

Durante la última etapa de este viaje, he tenido ocasión de desechar un absurdo prejuicio que tenía contra determinados eventos, visitando el Festival sur le Niger de Mopti. Pensaba erróneamente que no era más que una excusa para sacar dinero a los turistas, a los que se mostraba no el África real, sino los estereotipos que ellos esperaban ver.

Fui con recelo temiendo malos rollos hasta por aparcar, y preparado para zafarme de los típicos buscavidas traicioneros, pero encontré amabilidad y simpatía hacia todos los extranjeros que venían desde muy lejos para conocer culturas diferentes, además de un interesantísimo compendio de bailes, música, arte y ritos tradicionales. Comprobé una vez más que los prejuicios no sirven para nada.

 

En un sencillo escenario literalmente sobre el río Níger, tocaba un numeroso grupo de percusionistas.

Los africanos y unos pocos extranjeros contemplábamos el espectáculo en la orilla del río, ante la presencia de tres marionetas gigantes.

Una representación de marionetas Bozo.

Los organizadores se tomaban muchas molestias para enseñar a los numerosos niños la importancia de preservar las costumbres de sus ancestros.

Las marionetas estaban primorosamente talladas, y representaban personajes que uno puede encontrarse en cualquier poblado.

Dos ancianos ataviados con trajes rituales de cazadores, ejecutando un baile.

Una mascarada Bozo no muy diferente a las que se celebran en multitud de poblados durante la época seca, cuando el trabajo en el campo es menos intenso y hay más tiempo libre.

Lo último que recuerdo de Malí es esta curiosa imágen de una limusina circulando por una pista.

Mientras regresaba a España con la artesanía que había comprado, tuve ocasión de reflexionar sobre mi evolución en África.

Realicé mi primer viaje transahariano movido principalmente por la sana intención de contemplar los esculturales cuerpos desnudos de las mujeres africanas bañándose en el Níger. En viajes posteriores conocí el apasionante mundo de la percusión africana, y comencé a comercializar djembés para financiarme los viajes. Puede decirse por tanto que mis motivaciones iniciales no iba mucho más allá de la estética, la música y el entretenimiento.

Luego comencé a comprar todo tipo de artesanía, al tiempo que compartía mis viajes con otras personas.

Un día miré para atrás, y me quedé impresionado por los efectos de mi absoluta falta de altruismo. Vi un alegre grupo de artesanos que había conseguido dar salida a sus productos, y a un numeroso grupo de viajeros contentos por haber visto cumplido su sueño de conocer África.

Lo que empezó siendo una diversión, ha pasado a convertirse en una forma de vida.

Casi a diario recibo mensajes de personas que me piden información para realizar el viaje transahariano por su cuenta, y yo les oriento en todo lo que puedo.

Normalmente solo luchamos por aquello que amamos, y solo amamos lo que conocemos. Por tanto, creo que hago bien contribuyendo a que otras personas conozcan África.

Siempre existe el riesgo de que alguien tenga la mala suerte de vivir una experiencia tan nefasta que acabe renegando de África, pero eso no es habitual.

Durante el viaje transahariano de agosto de 2003 llegué Nouadhibou, donde mi amigo mauritano Soufi me informó de que desde mediados de julio, la aduana senegalesa había empezado a aplicar una ley de 2001 que prohibía la entrada de camiones de más de 10 años en Senegal. Me extrañó que ninguna de las personas a las que había proporcionado información para realizar su viaje en julio me hubiera prevenido de ese problema tan importante. A mi regreso a España, les envié a todos un mensaje para preguntarles por su viaje. Comprobé que la mayoría había desistido antes de empezar, y eso me llevó a la conclusión de que lo más importante para realizar un viaje transahariano es tener la férrea voluntad de llevarlo a cabo a pesar de todas las dificultades.

En cuanto al vehículo, lo preferible es que sea de alguna marca habitual en los países que se recorran. En el caso de África occidental, las marcas más comunes son Peugeot, Renault, Mercedes y Toyota. Algunos viajeros aprovechan el paso por Marruecos para poner a punto la mecánica.

El vehículo debe ir a nombre de la persona que lo conduzca. En caso contrario, el titular del vehículo debe hacerle una procuración al conductor, que incluya un reconocimiento de firma hecho por el banco donde tenga cuenta.

Para entrar en Marruecos, es necesario llevar la carta verde del seguro. En caso contrario, en la frontera es posible contratar un seguro de pocos días y válido solo para Marruecos.

El seguro para Mauritania se puede contratar en Nouadhibou.

En cualquiera de los países que integran la Comunidad Económica de los Estados del Africa del Oeste se puede contratar un seguro CEDEAO válido para Benín, Burkina Faso, Cabo Verde, Costa de Marfil, Gambia, Ghana, Guinea-Bissau, Liberia, Malí, Níger, Nigeria, Senegal, Sierra Leona y Togo.

Además del seguro del vehículo, es conveniente llevar un buen seguro de viajes. El más completo que conozco es el de Europ Assistance. La agencia de seguros de El Corte Inglés también ofrece un buen seguro de viajes.

Las vacunas se pueden poner en Sanidad Exterior. Algunas son obligatorias y otras optativas. El botiquín para el viaje debe ser lo más completo posible.

Si uno no quiere llevar muchos euros en metálico, por todo África occidental hay una extensa red de oficinas de Western Union. Que yo sepa, los cajeros automáticos funcionan bastante bien en Marruecos, Senegal, Burkina Fasso y Togo. La comisión suele ser del 3,75%.

Se pueden comprar dirhams a la entrada de Marruecos y ouguiyas en Nouadhibou. El franco CFA es la moneda de los países de la Unión Económica y Monetaria Oesteafricana, que incluye a Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bissau, Mali, Níger, Senegal y Togo. Es conveniente comprar francos CFA en el mercado de Nouakchott, antes de llegar a la frontera de Malí o Senegal. Un euro equivale a 655,957 francos CFA.

En el viaje transahariano suelen ocurrir imprevistos que se traducen en más gastos, por lo que siempre habrá que prever algo más de dinero.

Los españoles no necesitamos visado para entrar en Marruecos.

El visado de Mauritania se puede obtener en la embajada de Mauritania en Madrid, que está en el número 90 de la calle Velázquez de Madrid. Los teléfonos son 91 575 70 06 y 91 575 70 07. El fax es 91 435 95 31.

También se puede obtener en la embajada de Mauritania en Rabat. Está en el número 266 de la calle OLM de Souissi II. Los teléfonos son 037 65 66 78 y 037 65 66 79.

El visado que se obtiene en la frontera de Nouadhibou solo dura cuatro días. Renovarlo en Nouakchott tarda un día.

En el Sahara Occidental hay muchos controles en los que el funcionario de turno pide información de cada viajero. Es conveniente llevar un listado con los datos que suelen solicitar, como nombre y apellidos, nacionalidad, profesión, fecha de nacimiento, lugar de nacimiento, domicilio, número de pasaporte, fecha de expedición, fecha de expiración, fecha de entrada en Marruecos, frontera de entrada, marca del vehículo, matrícula, y el número que pone la policía marroquí en el pasaporte al entrar.

El mejor mapa que conozco de África occidental es el Michelin 741. Además de ser muy fiable, presenta la ventaja de indicar la temperatura y pluviometría de las principales ciudades.

Por último y para quien lo considere de utilidad, este es el listado que utilizo para hacer mi equipaje antes de cada viaje: mochila, ropa, gorras, botiquín con antipalúdico, loción antimosquitos, teléfono móvil, cargador de teléfono, cámara de fotos con accesorios, bolígrafos, cepillo y pasta de dientes, gel, chanclas para la ducha, toalla, mapas, pasaporte, fotos para visados, certificado internacional de vacunación, seguro de viajes, dinero, Visa, abrelatas, vaso, plato, cubiertos, utensilios de cocina, tienda de campaña "2 Second", saco, colchoneta, tijeras, linterna, y bañador si a uno no le apetece bañarse desnudo.

Marruecos está plagado de sitios donde venden bombonas de gas con su soporte para cocinar. La mosquitera se puede comprar en Nouakchott, que es donde empiezan a aparecer los mosquitos.

Algunas de estas informaciones pueden cambiar de la noche a la mañana y distan de ser exhaustivas, aunque desde luego abarcan mucho más de lo que disponía yo cuando empecé a viajar.

Buena suerte, y a pasarlo bien.


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