VIAJE TRANSAHARIANO AGOSTO 2008

La Cisterna de El Jadida tiene una magia especial. Cada vez que veo esta foto con sus columnas, bóvedas y rayos de sol reflejados en el agua, tengo ganas de regresar.

A veces lo consigo desde mi casa concentrándome como Darrell Standing, el personaje creado por Jack London en "El vagabundo de las estrellas".

La imagen de la niña abrazada a su madre me hace pensar en la cantidad de cosas que tenemos en común los seres humanos.

En el exterior, algunos jóvenes se tiraban al agua desde lo alto de las murallas desafiando alegremente la tetraplegia.

La siguiente etapa nos llevó a Essaouira. Por la noche visité las murallas con sus cañones fabricados en España.

A la mañana siguiente la marea había bajado y me fui a dar un paseo por la parte exterior del puerto, donde tuve ocasión de comprobar lo resbaladizo que estaba el suelo.

La quinta jornada nos llevó hasta el Oued Chebika. Acampamos cerca de unas jaimas. Al día siguiente, una saharaui me alegró la mañana permitiéndome fotografiar su hermoso rostro.

Por la tarde, la calima permitía ver el disco solar antes de desaparecer detrás de un velo. En verano, la atmósfera suele estar menos nítida y las puestas de sol son menos vistosas.

Al día siguiente visitamos Boujdour. Al fondo de una larga avenida en pendiente, el mar se fundía con el cielo.

A la dueña de uno de los restaurantes no le hizo mucha gracia que nos fuéramos a la competencia.

Un policía nos paró en un control a la salida de Boujdour. Nos dijo que no podíamos continuar porque viajábamos diez personas en el camión, cuando el máximo permitido eran nueve. En cuanto expliqué el problema a mis compañeros de viaje, en seguida varios se ofrecieron para bajarse y continuar el viaje andando. Hasta la siguiente curva, claro.

En ese momento me di cuenta de la excelente calidad humana de los que me acompañaban, en comparación con otros que tuve la desgracia de conocer en un viaje anterior.

Al final nos dejó seguir sin más, y la cosa quedó en una simple anécdota. Como debe ser.

Intentamos acceder a un poblado abandonado muy majo que conocía de otros viajes, pero un hosco funcionario no nos lo permitió. Continuamos hasta Lacraa y acampamos junto a una hermosa playa desierta. Así tuve ocasión de conocer otro nuevo sitio que me gustó incluso más que el anterior.

Al amanecer me subí a una montaña y estuve un rato contemplando las maniobras de un grupo de pescadores en un poblado cercano.

(continuará)

El artesano estaba contento. Su hijo había sobrevivido.

¡BRAVO!

Estaba sanote y feliz, desplumando pollos con alegría y vitalidad. No suelo fotografiar niños, pero con éste hice una excepción.


TRANSAHARIANA MARZO 98
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